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EntreVistArtista Julio Ojea














Proyecto EntreVistArtista (EVA) © 2009 -2013
Autora: Rosa Matilde Jiménez Cortés
“Entre Tú y Yo”: Julio Ojea (Esp)
 


 
EntreVistArtista: Un cuadro de los primeros tiempos, réplica de un perfil; año 1973. ¿Cómo era el perfil del pintor en cierne a los 18 años en comparación con el maestro 39 años después? 
 
Julio Ojea: Si no recuerdo mal, era un balbuciente entusiasta que hablaba poco o nada, sólo con la pintura, y observaba apasionadamente absorbiendo la realidad sin saber bien cómo descifrarla. Con el tiempo los horizontes infinitos se van cerrando, la vista disminuye su agudeza pero la mente que está detrás, se concentra en lo importante y la mano da menos vueltas.
 
 
 
E.V.A: Las inquietudes de aquel joven en apariencia despreocupado, ¿cuáles eran? ¿Aspirabas ser alguien en concreto o acariciabas un sueño inalcanzable?
 
JO: Aspiraciones de destacar o de triunfar nunca las he tenido. Me conformaba que le gustara a algún amigo lo que hacía. Un sueño inalcanzable sí que lo tenía: la Libertad. Supongo que como todos los jóvenes, y parecía tan fácil en aquella época de final de dictadura. "Ama y haz lo que quieras" de San Agustín, lo asumía yo como primer mandamiento. Entonces parecía todo así de sencillo.
 
 
 
E.V.A: ¿El arte llegó a tu vida como una revelación, como un misterio insospechable o fuiste tú quien se acercó por curiosidad a probar de sus misterios su encanto?
 
JO: Cuando empezaba a dejar de ser un niño, encontré en mi casa una caja de óleos abandonada casi intacta por algún hermano mayor. Empecé así, casi por curiosidad, a emborronar papeles, y viendo que tenían cierta aceptación en la familia, insistí en el asunto. Debo decir que no tenía mucho interés en el estudio, y soportaba malamente las largas horas en el colegio pero, manejar colores, despertaba en mí una cierta vitalidad y poco a poco, empecé a creer que había encontrado mi lugar en el mundo.
 
 
 
E.V.A: Hay una pregunta que a tanto manosearla, resulta baladí. No te preguntaré “qué es el arte para ti”, te invito a sustituir la pregunta por otra cuya respuesta desvalorice el concepto generalizado sobre arte.
 
JO: Preguntaría: qué es la vida. La vida es arte y el arte es vida. No creo mucho en las abstracciones absolutas; veo el arte como un adjetivo de la vida, una circunstancia. Siempre he pensado que hay arte en todo trabajo bien hecho, en el amor que se pone en lo que se hace por pequeño e insignificante que parezca.
 
 
 
E.V.A: Una anécdota de tu infancia todavía recuerdes que comparada con tu primer dibujo te exprese un sentimiento, ¿cuál sería?
 
JO: Cuando era un niño, los primeros dibujitos que te animaban a hacer en el colegio para tu madre, con una bonita dedicatoria (he recuperado alguno recientemente), pienso ahora que llevo toda la vida repitiendo ese gesto amoroso con otros amores, hacia otros amigos...
 
 
 
E.V.A: ¿La vida de Julio Ojea ha sido lo que él esperaba de sí?
 
JO: Bueno, como todavía no me he muerto, esperaré otro poco para hacer balance (risas). No es que esperara nada extraordinario porque quizá lo mejor lo he olvidado. De momento te diré que no me puedo quejar pero, espero tener tiempo para seguir mejorando en mi trabajo y en mi persona.
 
 
 
E.V.A: ¿Consideras que has sabido administrar tu tiempo y recursos como pintor?
 
JO: El tiempo cuando se es joven se despilfarra sin temor. Sobra tiempo. Llegado a una cierta edad se empieza a administrar y a ahorrar las energías que empiezan a flaquear. La pericia y los recursos adquiridos en el vagabundear, en el experimentar, durante los largos años de aprendizaje, ayudan después a saber elegir, a ir al grano y desechar la paja. En resumen, es útil perder el tiempo, siempre que no se tire a la basura; después se recupera.
 
 
 
E.V.A: Sin mirar la distancia que nos separa, aquí Entre Tú y Yo, muéstrame tu atelier: la intimidad de tu espacio, los colores de tu soledad. ¿Cómo es ese mundo tan propio del artista pero desconocido para el Otro?
 
JO: Todo mi espacio es limpio y ordenado. Limpio porque cuando tengo que ensuciar (trabajo también con arenas), lo hago en la terraza de forma ordenada ya que el espacio no es mucho y no puedo perder el tiempo buscando cosas. Algunos montones de papeles terminan por acumularse, así que de vez en cuando toca hacer trabajo de archivo. Trabajo preferiblemente con luz natural, sobre todo para el color. Procuro aprovechar las primeras horas del día, y al atardecer, antes de encender la luz y dedicarme a faenas más mecánicas, me detengo a mirar y valorar lo hecho. Y antes de que oscurezca, miro el cielo y reposo la vista en la lejanía.
 
Cuando trabajo con la arena trabajo forzosamente en horizontal, sobre la mesa o en el suelo si es un tamaño grande. Pero me gusta pintar frente al caballete, que los cuadros están hechos para verse en vertical. La pintura al óleo es la que más posibilidades ofrece y procuro trabajarlo como se debe: adaptando la tradición a lo que me piden mis experimentos matéricos, aunque sin hacer insensateces. Me gusta cambiar de técnica de vez en cuando (lápices, ceras, pasteles, acrílicos). Unas refrescan y enriquecen a las otras.
 
 
 
 
E.V.A: ¿Cuál ha sido la batalla interna que todavía te mantiene atrincherado, postrado e indefinido?
 
JO: Batallas, tantas. Esto es una guerra continúa. Antes que nada he de decir que me siento un privilegiado, pudiéndome dedicar a lo que me gusta y me sigue apasionando. Es un continuo desafío, decía, entre la materia y la poesía, un intento nunca plenamente satisfactorio porque no puede ser hecho de continuas aproximaciones, un intentar discernir entre lo que se ve y lo que se siente... Y no hemos mejorado mínimamente las maravillas que plasmaban en las cuevas de Altamira o de Lascaux, con tantos siglos de técnicas y afanes. Me temo que necesitaría varias vidas para acercarme a crear una brizna de tanta belleza.
 
 
 
 
E.V.A: Hablemos de temores e incertidumbres, de regocijo y vida plena. ¿La pintura es un medio redituable? ¿Es un trabajo que te ha proporcionado los medios necesarios en satisfacción propia y de tu familia?
 
JO: Por desgracia debo responder que no. En algún periodo ha sido una ayuda apreciable para la economía doméstica pero, en estos tiempos de penuria y carestía el panorama es incierto... Siempre persiste el temor de arrastrar a la persona que se encuentra a mi lado (que además me apoya y ayuda en esta andadura de  incertidumbre y privaciones), que continuamente me desvela. A veces pienso si no sería más justo dejar la lucha con telas, colores y ventas, y buscar un trabajo estable, como todo el mundo. Pero empieza a ser tarde y a estas alturas de la vida sigo mi fuga hacia adelante. Soy pintor aunque me pese.
 
 
 
 
E.V.A: Encuentro en tu obra un vals atmosférico, cuerpos que sostienen una danza perpetua con el espectador provocando sensaciones placenteras; quizá de felicidad. Julio, ¿eres feliz siendo un pintor aunque te pese?
 
JO: A veces no soy nada modesto en mis planteamientos ya que no encuentro la felicidad fuera de mí. Lo que quería ingenuamente en mis inicios, era crear una armonía universal a través de coreografías donde hubiera mujeres de distintos colores, tomadas de la mano en levitación, que expresaran la paz entre los hombres; paz interior y paz social. Una utopía musical placentera.
 
 
 
 
E.V.A: Cuando vemos la obra de Julio Ojea, ¿en qué estilo y corriente la sitúas?
 
JO: Diría que mi obra es esencialmente figurativa.
 
 
 
E.V.A: El lenguaje plástico que el artista desarrolla al través del tiempo, es un reflejo de su personalidad y formación. En tu caso, ¿cómo surge y cuál ha sido el proceso de maduración?
 
JO: Surge muy lentamente; insistiendo en el trabajo. Unas intuiciones llevan a otras desvelando nuevos significados con la observación propia del trabajo. Poco a poco, casi sin planteármelo va surgiendo un lenguaje, un camino que me lleva a otros lugares, a otros pensamientos. Ser metódico me ayuda a no perderme por caminos introspectivos…
 
 
 
 
E.V.A: La figura humana al desnudo es el centro radial de tu obra; la sometes a espacios habitados por otros creando mundos paralelos. ¿Por qué habitas las dimensiones que antes designaste para un espacio concreto?
 
JO: No hay un solo mensaje inequívoco, la intencionalidad es múltiple. Las figuras pertenecen a una armonía general que las posee, como la naturaleza posee al ser humano que no puede escapar a su condición. Esos cuerpos no son libres, están engarzados en geometrías que los obligan a estar donde están y a ser como son. Deben respetar las leyes de la naturaleza como las palabras bien dichas, que forman parte de una estructura gramatical para que nos podamos entender. No sé si me explico; hay reglas en todos los juegos. 
 
 
 
 
E.V.A: ¿Es un lenguaje intimista intencionado pintar cuerpos dentro de otros cuerpos, colocarlos en el paraíso para descenderlos más tarde a lo más profundo del abismo?
 
JO: La intención la veo después o la ven los demás. Esos cuerpos nacen como nacemos todos que no sabemos por qué nacemos ni por qué tenemos que morir. Mientras tanto, ahí estamos.
 
 
 
E.V.A: Mujeres con generosas formas plasmadas en diversos ciclos de vida, ¿es un recurso estético sin más o divinizas a la Mujer por alguna razón en particular?
 
JO: Si existe un ser superior (Dios), es sin duda una mujer. Es algo que siempre he presentido. Lo femenino es lo que crea la vida y la esperanza de regeneración. Las formas generosas me sirven únicamente para caracterizar sin lugar a dudas los cuerpos, donde hay una intención erótica algunas veces de forma velada, con marcada presencia y otras más, simplemente no cabe intención alguna.
 
 
 
E.V.A: Los tiempos de vida pictórica tan característicos en tu estilo (mujeres preñadas de paisajes que nacen de sí), ¿son un ideograma pre alfabético que robustece el valor simbólico de tu lenguaje?
 
JO: Sí, el símbolo es parte de mi lenguaje y me ayuda a sintetizar cosas para las que serían necesarias muchas palabras. Es un instrumento muy útil para expresar lo inexpresable.
 
 
 
E.V.A: Observo que catalogas en series concretas tu hacer, es decir, trabajas sobre una misma línea o planteamiento. “Eros”, “Ausencias” y “Playas”. ¿Qué lectura harías sobre cada serie?
 
JO: La serie "Eros" intenta desmenuzar visiones y pensamientos sobre el erotismo, componiendo el espacio con el vacío y lo lleno, la luz y la oscuridad. Están hechos con óleo o acrílico y arena, lo que les da una fuerte presencia material. "Ausencias", aunque hay algunos con la misma técnica, nacen tras una larga serie de ceras sobre papel. Son la expresión urgente de un desgarro existencial. Las "Playas", hechas como es lógico con arenas y oleo, son un desafío autoimpuesto para ir más allá del realismo y el hiperrealismo; pretenden integrar a la visión la materia que la encarna. Este catalogar en series me permite trabajar en varias vertientes simultáneamente, pasando de una a otra cuando algo se me atraganta o pierde interés, y así, reverdecer ímpetus y ambiciones.
 
 
 
E.V.A: ¿Consideras que has sido capaz de provocar el interés del Otro hacia tu obra, manteniendo vivo el deseo de ver y adquirir los trabajos posteriores?
 
JO: No sé si es función mía despertar el interés. La obra misma debería provocarlo. Por mi carácter más bien retraído, me cuesta promocionarme; soy un mal vendedor de mí mismo y de lo que hago. Y la apabullante competencia de miles de altavoces que publicitan egos desmesurados, me convencen siempre más de la inutilidad de alzar la voz; que oiga el que tenga oídos.
 
 
 
 
E.V.A: En tus trazos se aprecia dominio del dibujo y un pensamiento claro de la idea, del diseño y el color. Cuál es tu contribución al arte…
 
JO: Intento contribuir con honestidad, una sinceridad alejada de cualquier concesión a las modas cambiantes y a los mitos creados por los medios de comunicación. Creo que la pintura puede seguir contribuyendo a la introspección del ser humano. Espero que mi trabajo sirva a otros, como me sirve a mí mismo y haga saltar esa chispa placentera y de comprensión en quien lo mira.
 
 
 
 E.V.A: El arte contemporáneo (sin generalizar) está lleno de buenas intenciones… ¿La obra de Julio Ojea es una de ellas?
 
JO: Tratándose de una obra, es decir, de algo plasmado materialmente, la intención puede ser secundaria. Es más importante la reacción que genera o lo que sugiere al espectador o a mí mismo.
 
 
 
E.V.A: Cuando sientes que estás listo para compartir tu trabajo a la vista del Otro: reservar un espacio, contar con patrocinadores, publicitar la exposición, enmarcar pinturas, montar la obra… ¿Cómo es el teje y maneje?
 
JO: Es tan solitario el trabajo del pintor, que a veces cuesta meterse en la vorágine de relaciones que precisa el exponer. Normalmente el impulso y la decisión vienen de fuera, ayudados por la necesidad de dar salida y un sentido final a lo creado. Los meses que preceden suelen ser de fermento creativo exacerbado; suelen surgir obras más intensas, como un urgente compendio que resume el trabajo reciente. Lo que más me motiva es elegir las obras y encajarlas dentro del espacio en el que serán vistas, componiendo un itinerario, como una sinfonía de visiones en la que los cuadros interactúen entre sí y con el espectador. Compartir es imprescindible para seguir adelante, también para reiniciar. Después de cada inauguración me queda una sensación de vacío, de haberme vaciado de expectativas y del peso físico de las obras; aunque muchas vuelvan al taller, es como si hubieran crecido y se hubieran emancipado. Es entonces cuando siento la urgencia de retomar el proceso creativo, de volver a recorrer el camino solitario.
 
 
 
 
E.V.A: Si tuvieras una goma mágica para borrar todo aquello haya sido causa de quebranto, malas decisiones, malas inversiones de tiempo y esfuerzo… ¿Qué aspectos de ti y los demás quitarías?
 
JO: Muchísimos, si pudiera... el tiempo perdido en la juventud, en afanes inútiles, en áridas dispersiones, en ilusiones defraudadas... con los años, cuanto más sabes, mas te das cuenta de lo poco que sabes, y duele darse cuenta de lo rápido que pasa la vida. Pero los errores, así como los dolores, sirven para avanzar, para crecer. Una acuarela no se puede corregir. Se puede rehacer mejorándola. Me temo que necesitaría al menos otra vida para sacarle todo el jugo a esta.
 
 
 
E.V.A: Para finalizar, ¿qué es lo que no te gusta del arte, de ti, de los demás, del sistema y el mundo?
 
JO: No me gusta que sea el dinero el que gobierne el mundo, que el poder este en manos de ignorantes enfermos de codicia, y que la mayoría de las personas nos resignemos a este absurdo despilfarro suicida que nos llevara a la hecatombe si no ponemos urgentemente remedio. El artista poco puede hacer; puede, como individuo, dar la alarma, reflejar la necesidad de un cambio radical, no acomodarse a ser cómplice del desaguisado, denunciar la falsedad de los cortesanos de cierto "Mundo del Arte" oficial que adornan las cenas de gala de los corruptos especuladores. Dejarles solos (.)
 
 
Rosa Matilde: Sin pretender que EntreVistArtista sea un concepto de “sofá de psicoanálisis”, sí me interesa asomarme a las diferentes capas de piel que reviste un pensamiento. En tu caso, ha sido un ejercicio Entre Tú y Yo, entre dos pintores de diferente nacionalidad que han convergido a través de EVA (La Palabra). Gracias Julio.
 
Julio Ojea: Gracias a ti Rosa Matilde, para mí ha sido un placer y, sobre todo, un intercambio muy interesante y esclarecedor.
 
 
 
 
[Entrevista efectuada el día 7 de febrero de 2013 (vía Internet) / Colaboró para EntreVistArtista (EVA) Julio Ojea / Fotografía de portada proporcionada por Julio Ojea // EntreVistArtista (EVA) es un proyecto independiente de Rosa Matilde Jiménez Cortés. H. Córdoba, Veracruz; México].
 
 
 
 
Acerca de Julio Ojea
Biografía: http://amor77roma.blogspot.mx/2012/01/para-entrevistartista-julio-ojea.html
EntreVistArtista (EVA) ha sido estructurado para que "Entre Tú y Yo" vayamos al encuentro del Otro, siendo arte y parte como interlocutor.

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